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Portada de El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde

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El retrato de Dorian Gray

Oscar Wilde

Publicado
1890
Original en
inglés
Estado
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Guía de lectura

De qué se trata

En un taller de Londres, una tarde de verano perfumada de lilas, el pintor Basil Hallward termina el mejor cuadro de su vida: el retrato de un joven de belleza extraordinaria llamado Dorian Gray. Su amigo lord Henry Wotton, un aristócrata ingenioso que habla en paradojas y no cree en casi nada, queda fascinado con el modelo. Mientras Basil da las últimas pinceladas, lord Henry le habla a Dorian de la juventud: de lo poco que dura, de lo que se pierde al envejecer, de que lo único que vale la pena en la vida es buscar sensaciones nuevas.

Dorian, que hasta ese momento no se había pensado a sí mismo como alguien hermoso, se mira en el cuadro y siente algo parecido al miedo. En un arrebato pronuncia un deseo: que sea el retrato el que envejezca, y que él conserve para siempre el rostro que tiene. No es una promesa ni un pacto formal, apenas una frase dicha en voz alta. Pero el cuadro empieza a cambiar.

La novela sigue a Dorian durante los años que vienen, mientras el mundo lo ve intacto y el lienzo, escondido, registra todo lo que él hace. Es una historia de terror elegante, una fábula moral y una comedia de salón al mismo tiempo, y Wilde la cuenta con algunas de las frases más citadas de la literatura inglesa.

Personajes principales

  • Dorian Gray: un joven rico, ingenuo al principio, que descubre el poder de su belleza y decide explorar hasta dónde puede llegar sin pagar las consecuencias.
  • Lord Henry Wotton: el gran conversador del libro. Seductor, cínico, brillante. Casi todo lo que dice es una provocación, y buena parte del encanto de la novela está en sus diálogos. Pero rara vez hace lo que predica.
  • Basil Hallward: el pintor. Ve en Dorian un ideal artístico y siente por él una devoción que no sabe nombrar. Es la conciencia moral de la historia, aunque nadie lo escuche demasiado.
  • Sibyl Vane: una actriz muy joven de un teatro pobre del East End, que deslumbra a Dorian interpretando a las heroínas de Shakespeare.
  • James Vane: el hermano de Sibyl, un marinero que desconfía de los caballeros elegantes que rondan a su hermana.

Temas

Belleza y moral. El libro se pregunta si lo bello puede ser malo, y si el arte tiene que enseñar algo. Wilde lo abre con un prefacio de aforismos que defienden que el arte no es moral ni inmoral, solo bien o mal hecho. La novela, sin embargo, parece decir algo más complicado.

La doble vida. Dorian vive con una cara para el mundo y otra escondida en un cuarto cerrado con llave. Esa división entre la apariencia respetable y lo que se oculta era una preocupación muy victoriana, y también muy personal para Wilde.

La influencia. Lord Henry no obliga a nadie a nada: solo habla, presta un libro, sugiere. La novela explora cuánto puede cambiarnos una idea dicha en el momento justo, y quién es responsable de lo que hacemos con ella.

La juventud y el paso del tiempo. El miedo a envejecer, el culto de lo joven y la sospecha de que la experiencia deja marcas aunque no se vean son temas que hoy, en la época de los filtros y las fotos retocadas, se leen con una actualidad asombrosa.

El dandismo y el esteticismo. Ropa, perfumes, joyas, música, tapices: la novela está llena de objetos preciosos. Es un retrato del movimiento estético de fin de siglo, que proponía vivir la vida como una obra de arte.

El autor y su época

Oscar Wilde nació en Dublín en 1854, hijo de un médico célebre y de una poeta nacionalista irlandesa. Estudió en el Trinity College de Dublín y en Oxford, donde se convirtió en discípulo de las ideas que ponían la belleza en el centro de la vida. En Londres se volvió una figura pública antes de haber escrito sus grandes obras: famoso por su ropa, sus frases y sus conferencias.

El retrato de Dorian Gray es su única novela. Apareció primero en una revista estadounidense, Lippincott's Monthly Magazine, en 1890, y provocó un escándalo: varios críticos la acusaron de inmoral. Al año siguiente Wilde la publicó como libro, ampliada con nuevos capítulos y con el prefacio que responde a esas críticas. En los años siguientes escribió las comedias que lo hicieron rico y popular, como La importancia de llamarse Ernesto.

En 1895, en la cumbre de su fama, Wilde fue juzgado por su relación con otro hombre, algo que la ley inglesa castigaba. En el juicio se citaron pasajes de Dorian Gray como prueba de su carácter. Fue condenado a dos años de trabajos forzados. Salió de la cárcel arruinado y enfermo, se fue a Francia y murió en París en 1900, a los cuarenta y seis años.

Por qué se sigue leyendo

Porque es una de esas historias cuya idea central todo el mundo conoce aunque nunca la haya leído, y leerla depara sorpresas: es mucho más ingeniosa, más rara y más ambigua de lo que su fama sugiere. Las conversaciones de lord Henry siguen sonando modernas y filosas, y muchas de sus frases circulan hoy sin que se sepa de dónde salieron.

También porque la pregunta que plantea no envejece: qué pasa con nosotros cuando nada de lo que hacemos parece tener consecuencias visibles. Y porque detrás de la elegancia hay un libro escrito por alguien que sabía, mejor que nadie, lo que cuesta vivir con un secreto en una sociedad que castiga la diferencia.