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Fábulas en verso castellano

Capítulo 52 de 62

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Capítulo 52

Fábula LII: El alma de Salomón

Fábulas en verso castellano · Juan Eugenio Hartzenbusch

Un laborioso anciano de sol a sol sin descansar labraba la fértil heredad que poseía. Él por su mano araba; él por sí mismo el grano, que el sustento común del hombre encierra, solícito vertía en el fecundo seno de la tierra. A la sombra una vez que en torno arroja una altanera encina, copuda en ramas y poblada en hoja, preséntase al anciano de repente una visión divina. Él se sorprende y pasma; y en acento más dulce que severo le dice la fantasma: «No la presencia mía te amedrente: Soy Salomón: declárame sincero, ¿por qué, ya que tu edad va declinando, tan ávido te afanas trabajando? —Si eres el sabio rey gloria de Oriente, (el labrador contesta) ya puedes figurarte mi respuesta. Yo estudié con desvelo tus lecciones: en ellas al mancebo le propones que a recoger aprenda de la hormiga, sin perdonar momento ni fatiga. Yo su ejemplo he seguido, y lo que dócil aprendí mancebo, viejo también a ejecución lo llevo. —A medias solamente has aprendido (dijo la sombra) mi consejo sano. Vuelve de nuevo y a la hormiga observa, y en su sagaz gobierno verás que si trabaja en el verano, prudente se reserva sus acopios gozar en el invierno. Tú, que al invierno triste llegaste de la vida, reposa ya y descuida, y disfruta por fin lo que adquiriste.