Texto 15
A la señorita ***
—
Las umbrías bajo las cuales veo, en mis ensueños, los más traviesos pájaros cantores, son labios; y toda la melodía de tu toz no es hecha sino por palabras creadas por tus labios.
—
De tus ojos, engastados en el santuario celeste de tu corazón, caen las miradas desoladas abora, ¡oh Dios!, sobre mi espíritu fúnebre, como la luz de una estrella sobre un sudario.
—
¡Tu corazón, tu corazón! Me despierto y suspiro y vuelvo a dormirme para ensoñar hasta el día de la verdad, que el oro, —capaz de tantas locuras,— no podrá jamás comprar.