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Orlando furioso

Capítulo 4 de 48

Índice

Tomo I · Capítulo 4

Canto III

Orlando furioso · Ludovico Ariosto

Vuelta en sí la hermosa Bradamante, encuentra á Melisa en aquella gruta, y oye el relato de las señaladas y heróicas acciones de todos sus descendientes.—En seguida, se informa del modo cómo se apoderará del anillo del vil Brunel, con objeto de hacer inútiles todas las malas artes del nigromante que tenia aprisionado á Rugiero, y de librar á su amante y demás cautivos.

¿Quién me prestará el estro poético, la inspiracion que requiere el noble asunto que me propongo cantar? ¿Quién dará á mis versos alas para remontarse hasta la altura de mis ideas? Preciso es hoy que encienda mi pecho el fuego de la poesía con más vehemencia de lo acostumbrado; porque esta parte de mi narracion va consagrada á mi Señor, de cuyos nobles ascendientes voy á ocuparme.

Entre tantos príncipes ilustres como descendieron desde el Cielo á gobernar la Tierra, no has visto, ¡oh Febo, que iluminas el mundo! raza tan gloriosa en la paz ó en la guerra, ni que por tanto tiempo haya sabido conservar el inmaculado brillo de su nobleza, como sin duda lo conservará, si no me engaña la profética inspiracion que en mí siento, mientras el mundo gire sobre sus polos.

Para celebrar completa y dignamente la gloria de sus virtudes se requiere, no la mia, sino aquella lira que dió gracias al Soberano del éter despues de la derrota de los gigantes. Si me fuera dable poseer mejores cinceles para reproducir en tan digna piedra sus gloriosas imágenes, no dejaria de emplear en semejante trabajo todo mi ingenio y mis desvelos. Mi inexperto buril procurará no obstante bosquejar esta obra, hasta que quizás consiga, á fuerza de estudio, perfeccionar del todo mi trabajo.

Pero volvamos á aquel infame cuyo pecho no podrán resguardar en adelante ni escudos ni corazas: hablo de Pinabel de Maguncia, que creyó haber dado muerte á Bradamante. El traidor pensó que la doncella se habia destrozado al caer por el alto precipicio; y apartándose entonces con faz pálida y torva de aquella triste abertura, volvió á montar á caballo, y cometiendo delito sobre delito, llevóse el corcel de la jóven. Dejemos á aquel traidor que, procurando con falacias la muerte de otros, corria sin saberlo en busca de la suya, y volvamos á la doncella que, por efecto de aquella felonía, estuvo á punto de recibir á un mismo tiempo muerte y sepultura.

Cuando se hubo levantado, aturdida todavia por el golpe que recibió contra la dura piedra, se dirigió hácia la puerta que daba paso á una segunda y más anchurosa cueva. Aquella estancia, cuadrada y extensa, parecia una venerable y silenciosa iglesia; la bóveda estaba sostenida por columnas de alabastro de bella arquitectura; en el centro se levantaba un bien dispuesto altar, ante el que ardia una lámpara, que con sus claros resplandores iluminaba todos los ámbitos de ambas cavidades.

Impulsada la doncella por una devota humildad, al verse en aquel lugar sagrado, arrodillóse y dirigió á Dios una fervorosa oracion. En tanto se oyó rechinar sobre sus goznes una pequeña puerta, que dió paso á una mujer cubierta de holgadas vestiduras, descalza y con los cabellos sueltos, la cual llamó á Bradamante por su nombre diciéndole:

—¡Oh generosa Bradamante! sabe que no es la casualidad, sino la voluntad divina la que te ha conducido hasta aquí: sabe tambien que hace muchos dias, el espíritu profético de Merlin me habia anunciado que debias venir á visitar sus santos restos por caminos inusitados, y te estaba esperando para revelarte lo que los cielos han determinado con respecto á tí. Esta es la gruta antigua y memorable que edificó Merlin, el sábio mago de quien quizás hayas oido hablar alguna vez, y á quien engañó aquí mismo la Dama del Lago. Aquí debajo existe su sepulcro, donde yace corrompida su carne, y donde se acostó vivo y halló el sueño de la muerte, por satisfacer los caprichos de aquella mujer1. Muerto está su cuerpo, pero su espíritu continuará animado hasta que se deje oir el sonido de la angélica trompeta, que le cierre las puertas del cielo ó á él le remonte, segun lo que resulte del juicio de sus acciones. Su voz tambien permanece viva, y si te acercas á la marmórea tumba, podrás oirla con claridad, pues nunca dejó sin respuesta las preguntas que se le dirigen sobre cosas pasadas ó futuras. Muchos dias hace ya que vine á este cementerio desde un apartado país, para que Merlin me resolviera un árduo misterio referente á mi profesion, y como tuve grandes deseos de conocerte, he permanecido aquí más de un mes; pues Merlin, que siempre me ha predicho la verdad, fijó en este dia el de tu llegada.

La asombrada hija de Amon escuchó inmóvil y atenta aquellas palabras; y tan maravillada la dejaron, que no sabia si estaba soñando ó despierta. Confusa y ruborizada bajó los ojos, y replicó modestamente:

—¿Quién soy yo, qué mérito es el mio, para que los profetas prevean mi venida?

Y alegre con tan extraordinaria aventura, se dirigió hácia la Maga, que la condujo al pié del sepulcro donde estaban encerrados el alma y los huesos de Merlin. Aquel monumento era formado de una piedra dura, reluciente, tersa y tan brillante, que á pesar de no penetrar el Sol en la estancia, la iluminaban perfectamente los resplandores que de él salian. Ya sea que algunos mármoles tengan cual pequeñas antorchas la propiedad de disipar las sombras, ó bien, y esto me parece mas verosímil, efecto de diferentes encantos, conjuros y signos de astrología, ello es que el resplandor de aquellas piedras permitia distinguir en torno de aquel sitio venerable las más bellas pinturas y esculturas.

Apenas Bradamante separó el pié del umbral de la puerta para penetrar en el secreto recinto, cuando el espíritu vivo de aquellos restos mortales le dirigió en voz clara estas palabras:

—Favorezca la fortuna tus deseos, ¡oh casta y nobilísima doncella, de cuyas entrañas saldrá el gérmen fecundo que honrará á Italia y al mundo entero! La antigua sangre de los reyes de Troya, reunida en tí por sus dos fuentes mejores, producirá el ornamento, la flor, la alegría de todos los pueblos que ilumina el Sol entre el Indo, el Tajo, el Nilo y el Danubio, y desde un polo al otro polo. Tus descendientes, colmados de los mayores honores y dignidades, serán marqueses, duques y emperadores. De tu raza saldrán los capitanes y valientes guerreros que restituirán á la Italia el antiguo honor de sus invictas armas, despues de lo cual empuñarán el cetro reyes justos, que, imitando á Numa y al sabio Augusto, harán renacer la Edad de oro bajo su gobierno benigno y paternal. Por tu parte, debes cumplir los decretos del Cielo, que te ha designado por esposa de Rugiero, siguiendo animosamente tu camino: nada habrá que pueda oponerse á este designio; en prueba de lo cual, pronto caerá bajo tus golpes el malvado que tiene encadenado á tu amante.

Calló Merlin, y acto continuo se preparó Melisa á hacer comparecer ante la vista de Bradamante su numerosa posteridad. Obedeciendo las órdenes de la maga empezaron á reunirse en un punto y bajo diferentes trajes, un número considerable de espíritus elegidos, no sé si procedentes del Infierno ó de otro lugar. En seguida Melisa hizo que la doncella se colocara en un punto al rededor del cual habia trazado un círculo de mayor diámetro que su altura; la proveyó además de un excelente talisman á fin de que la respetaran los espíritus, y encargóle que callara y permaneciera inmóvil. Hecho esto, cogió un libro y conjuró á los demonios.

De repente empiezan á salir de la primera cueva numerosos espíritus, que se fueron amontonando al rededor del sagrado círculo: en vano era que intentasen penetrar en él; pues un poder misterioso se lo impedia, cual si estuviera resguardado por fosos y murallas. Las sombras iban entrando sucesivamente en aquella estancia donde estaba la tumba que encerraba los huesos del gran profeta, despues de haber dado las tres vueltas á que estaban obligadas.

—Si pretendiera referirte los nombres y hechos de cada uno de los encantados espíritus que ves en tu presencia antes de que hayan nacido, dijo la encantadora á Bradamante, no sé cuando pondria fin á mi relato, porque no basta una noche para tanto; así es que me limitaré á indicarte algunos, segun el tiempo y la oportunidad.

»El primero que ves, y que se te parece en su semblante bello y placentero, será el tronco de tu familia en Italia, el digno hijo tuyo y de Rugiero. Espero ver la tierra enrojecida por la sangre de Pontier, derramada por su mano, y vengada la traicion y la perfidia de aquellos que habrán dado muerte á su padre. Por su valor se verá despojado Desiderio del reino de Lombardia, valiéndole tan notable hazaña el señorío de los estados de Este y Calaon.

»El que ves detrás de él es tu sobrino Uberto, honor de los combates y de La Hesperia, que más de una vez salvará á la santa Iglesia de los ataques de los infieles.

»Contempla ahí á Alberto, invicto capitan, que ostentará merecidos lauros: con él está su hijo Hugo, conquistador de Milan, que desplegará con honor el estandarte de las culebras2. Más allá vése á Azzo, que sucederá á su hermano en el reino de los insubres, y á Alberto Azzo, cuyos prudentes consejos serán causa de que se arroje de Italia á Berengario y á su hijo, haciéndose además digno de que el emperador Oton le conceda la mano de su hija Alda.

»Allí tienes á otro Hugo: ¡oh admirable descendencia, que sigue las huellas de sus virtuosos progenitores! Ese será el que castigue con justa razon el orgullo de los romanos, y libre de sus furores á Oton III y al Pontífice, apoderándose de la ciudad y de su castillo3. De ahí á Folco, que haciendo donacion á su hermano de todo cuanto tiene en Italia, pasa á gobernar otro gran ducado en Alemania4. Heredero por línea materna de la casa de Sajonia, próxima á desaparecer, contribuirá á mantenerla en su esplendor, y á que siga sosteniéndose en sus descendientes.

»Ese que se adelanta entre sus dos hijos Bertoldo y Alberto Azzo, es el segundo Azzo, más amigo de la galantería que de la guerra. Su primogénito vencerá al emperador Enrique II, enrojeciendo en sangre alemana los campos de Parma: al otro le harán digno sus virtudes de contraer con la gloriosa, casta y prudente Matilde5 un enlace tan ventajoso, que además de llevar en dote casi la mitad del reino de Italia, alcanzará la honra, digna de tenerse en cuenta en aquella época, de enlazarse con la sobrina de Enrique I.

»He ahí á Reinaldo, hijo querido de aquel Bertoldo, el cual conseguirá la alta gloria de salvar á la Iglesia de las manos del impío Federico Barbaroja. Por allí se aproxima otro Azzo, que será el que posea á Verona con su hermoso territorio, y á quien el emperador Oton IV y el papa Honorio II conferirán el título de marqués de Ancona.

»No acabaría nunca si hubiera de designarte á todos aquellos de tus descendientes que, defendiendo el pendon sagrado, han de llevar á cabo portentosas hazañas en favor de la Iglesia romana. Mira ahí á Obizzo, á Folco; á otros Azzos y otros Hugos; á los dos Enriques, padre é hijo, y los dos Güelfos, uno de los cuales subyuga la Umbría, y viste el manto ducal de Espoleto. Ahí tienes al que restañará la sangre y curará las heridas de la afligida Italia, tornando en risa el llanto; de ese hablo, añadió designando á Azzo V, por quien será derrotado y muerto aquel Eccelin, tan funesto tirano, que, tenido por hijo del Demonio, aniquilará á sus súbditos y asolará el hermoso territorio de la Ausonia, y á cuyo lado parecerian varones piadosos y humanos Mario Sila, Neron, Cayo y Antonio6. El mismo Azzo derrotará al emperador Federico II, y regirá despues con cetro más feliz la hermosa tierra regada por el rio7 desde donde Febo llamó con dolorido plectro al hijo que no supo guiar su ardiente carro, cuando se convirtió el llanto de las Heliades en fabuloso ámbar8, y Cienus, cubriéndose de blanco plumage, fué transformado en cisne; aquella tierra le será dada por la Santa Sede como recompensa de sus señalados y notables servicios.

»Y, ¿dónde dejo al hermano Aldobrandino9? Ese héroe, por socorrer al Pontífice, no vacilará en atacar á Otton IV y á los gibelinos, que cercarán el Capitolio despues de haberse apoderado de todo el territorio vecino, sujetando á los habitantes de la Umbría y del Piceno; mas viendo que no le será posible continuar auxiliando á la Iglesia por falta de dinero, lo pedirá á Florencia, dejando en prenda, á falta de otra seguridad, su propio hermano. Desplegará en seguida sus banderas victoriosas, y destrozará el ejército aleman reponiendo en su silla al Pontífice, y castigando merecidamente á los condes de Celano. Tan activo guerrero se verá sorprendido por la muerte en la flor de su edad, estando dedicado al servicio de la Santa Sede.

»Su hermano Azzo heredará no solo los dominios de Ancona, Pisa y de todas las ciudades comprendidas entre el mar, el Apenino, el Isar y el Tronto, sino tambien la lealtad, virtud y grandeza de ánimo de su hermano, cualidades más preciadas que el mayor tesoro; pues estos los da ó los quita la fortuna, al paso que no tiene ningun poder sobre aquellos. Hé ahí á Reinaldo, cuyo valor resplandecerá con no menor brillo; pero la suerte le arrebatará la vida, envidiosa de la exaltacion de su ilustre prosapia. El duelo causado por su muerte resonará hasta aquí desde Nápoles, donde el valeroso mancebo se hallará en rehenes de su padre.

»Ahí viene Obizzo que, niño aun, sucederá á su abuelo en el gobierno de sus estados, acrecentándolos con la alegre comarca de Regio y la feroz Módena. Será tal su valor, que los pueblos le aclamarán unánimes por soberano. Mira á Azzo VI, uno de sus hijos, sostenedor de la bandera de la sagrada cruz, que por su matrimonio con la hija de Cárlos II de Sicilia, será duque de Andria10. Contempla ese gallardo y amistoso grupo, donde se reunen príncipes tan excelentes como Obizzo, Aldobrandino, Nicolás el Cojo y el amoroso y clemente Alberto. Por no entretenerte demasiado, dejaré de referirte cómo harán que se agreguen á su bello patrimonio Faenza11 y Adria, ciudad que ha dado su nombre al mar agitado que la baña; el país conocido con un agradable nombre griego á causa de las muchas rosas que produce12, y la ciudad que, elevada en medio de lagunas cenagosas, está siempre temiendo los desastrosos efectos de las dos bocas del Pó, donde habitan gentes deseosas de ver siempre enfurecido el mar y agitados los vientos13. Tampoco me ocuparé de Argenta, ni de Lugo, ni de otros mil castillos y ciudades populosas.

»Ahí tienes á Nicolás, elegido por el pueblo para el supremo gobierno de su país cuando aun no ha salido de la pubertad. Contra él agitará Tadeo la tea de la guerra civil, pero sabrá hacer completamente inútiles sus esfuerzos rebeldes14. Sus entretenimientos juveniles consistirán en el manejo de las armas y en los trabajos de la guerra; y acostumbrado así desde la infancia á los peligros que unas y otros ofrecen, llegará á ser la flor de los guerreros de su tiempo. Destruirá los planes de sus rebeldes súbditos, convirtiéndolos en daño de los mismos; y merced á su perspicacia, tan conocidas le serán toda clase de estratagemas que ninguna podrá perjudicarle. Tarde le conocerá por su desgracia Oton III, feroz tirano de Reggio y de Parma; pues Nicolás le despojará á un mismo tiempo de ambos estados y de su culpable vida15. Sus dominios irán siempre extendiéndose, sin que para ello se aparte del camino recto. A nadie causará jamás perjuicio alguno, como no se vea antes provocado; por lo cual el Supremo hacedor, satisfecho de sus virtudes, no pondrá límites á su elevacion, que irá en aumento mientras el mundo gire sobre sus ejes.

»Fija tu vista en Leonelo, y despues en el ínclito Borso, primer duque de Ferrara16 y prez de su tiempo, que siendo amigo de la paz, alcanzará no obstante los triunfos más envidiables de cuantos se hayan visto en otros paises; pues conseguirá domeñar al sanguinario Marte, y encadenar al Furor. La única aspiracion de este príncipe consistirá en hacer la felicidad de su pueblo.

»Ahora se adelanta Hércules que, con el pié medio quemado y débil paso, reconviene al que va inmediato á él por haber impedido la fuga de Budrio, aun cuando este en premio le declarará luego la guerra y pasará hasta el Barco para arrojarle de Ferrara. Príncipe es ese de quien no sé explicarme si alcanzará mayor gloria en la paz ó en la guerra. Los habitantes de la Pulla, la Calabria y la Lucania, en cuyas provincias alcanzará un glorioso triunfo sobre el rey de Aragon, conservarán memoria de sus hechos; las repetidas victorias le harán famoso entre los más invictos capitanes, y con su valor recobrará un señorío cuya posesion le habrá sido disputada por más de treinta años. Cuanto agradecimiento puedan tener á príncipe alguno sus vasallos, se lo deberán á ese, no ya por haber convertido en campos fertilísimos lagunas cenagosas, ni por atender á la defensa de las ciudades amparándolas con muros y fosos, hermoseándolas además con templos y palacios, anchurosas plazas, teatros y otros mil monumentos, ni tampoco por haber sabido defender á su país de las garras del leon alado de Venecia, ni por sacarlo ileso de los tributos y desastres que ocasionará en toda la Italia la guerra con Francia: por ninguno de estos y otros beneficios deberán á Hércules tanto afecto y agradecimiento sus súbditos, como por la gloria que les proporcionarán sus ínclitos descendientes, el justo Alfonso y el benigno Hipólito. De ambos hermanos podrá decirse lo que la tradicion refiere de los hijos del tindáreo cisne17, que se privaban alternativamente del calor del Sol para sustraerse mútuamente á los rigores de la maligna atmósfera que les rodeaba; pues cada uno de aquellos estará pronto á acudir en auxilio del otro aun á costa de su propia vida.

El afecto que se profesarán los dos hermanos hará que su pueblo esté más seguro y tranquilo que si por obra de Vulcano se rodeasen las murallas de las ciudades con un doble cinturon de hierro. Alfonso verá reunidas en sí la bondad y la ciencia de tal modo, que en los futuros siglos creerán los mortales que Astrea18 ha vuelto desde el cielo á la Tierra, así como á ella vuelven sucesivamente el verano y el invierno. De mucho le servirán la prudencia y el valor, semejante al de su padre; pues desprovisto de ejército, llegará á habérselas por una parte con las escuadras de Venecia y por otra con la que no sé si llamar madrastra ó madre, aunque de concederle este último título, será para él tan cruel como con sus hijos lo fueron Medea ó Progne19. Cuantas veces salga con su pueblo fiel, sea de dia ó de noche, fuera de los límites de su país, otras tantas causará á sus enemigos derrotas memorables, tanto por mar, como por tierra, de lo cual darán fé por su desgracia los habitantes de la Romanía, que por haber hecho causa comun con los enemigos de Alfonso, regarán con su sangre las tierras que están entre el Pó, el Santerno y el Zanniolo. En los mismos confines sentirán la fuerza de su brazo los españoles, soldados mercenarios del Pastor Supremo, á quienes arrebatará la Bastia, dando muerte á su gobernador despues de apoderarse de él; en seguida hará perecer á toda la guarnicion desde el más ínfimo soldado hasta el capitan, de suerte que no habrá quien pueda llevar á Roma la noticia de tal desastre20.

»Ese mismo Alfonso, con su valor y prudencia, alcanzará la gloria de dar el triunfo al ejército francés en los campos de Romanía contra los de Julio II y de España, cuyo combate será tan terrible, que los caballos se hundirán hasta la silla en la sangre de los muertos, y no habrá gente bastante para enterrar á tanto Aleman, Español, Griego, Italiano y Francés como allí sucumbirá.

»Aquel que, revestido de hábitos pontificales, va cubierto con el sagrado capelo cardenalicio, es el liberal, magnánimo y sublime Hipólito, gran cardenal del Colegio romano, cuyos hechos darán sobrado asunto para ser celebrados tanto en prosa como en verso, en todos los idiomas conocidos; y en cuya edad florida querrá el cielo que haya un Maron21, como lo tuvo la edad de Augusto. Así como el Sol, con su fulgente resplandor ilumina al mundo mucho más que la Luna y las estrellas, ese será el esplendoroso astro que más brille entre todos los de su estirpe. Véole salir á campaña triste y con muy pocos guerreros, y regresar en triunfo, despues de haber apresado en las costas de sus dominios quince grandes galeras, además de otras mil embarcaciones menores22.

»Repara en los dos Sigismundos, y en Alfonso con sus cinco hijos, cuya fama, atravesando montes y mares, llenará el mundo. Uno de ellos es Hércules II, yerno del rey de Francia; el otro, (pues á todos debes conocerlos), es Hipólito, que tan célebre como su tio, no desdecirá de su brillante prosapia. El tercero es Francisco, y los dos restantes se llaman Alfonsos.

»Si, como te he dicho antes y repito ahora, hubiera de designarte uno á uno á todos tus descendientes por cuyo valor y mérito tanta elevacion alcanzará tu estirpe, tendería la noche su denso velo y apareceria la aurora muchas veces antes de que yo hubiera dado fin á mi tarea: por lo cual, si convienes en ello, será ya tiempo de que permita á las sombras retirarse y de que yo guarde silencio.»

Diciendo esto, y mediante el beneplácito de la doncella, cerró su libro la docta encantadora, y en el acto desaparecieron precipitadamente aquellos espíritus por el sepulcro de Merlin. Entonces Bradamante, comprendiendo que ya podia hablar sin cortar á su interlocutora el hilo de su narracion, le preguntó:

—¿Y quiénes son aquellos dos de aspecto triste que hemos visto entre Hipólito y Alfonso? Se adelantaban suspirando, y tenian los ojos bajos y como privados de movimiento, mientras que sus hermanos se mantenian apartados de ellos cual si desdeñáran su compañia23.

Al oir esta pregunta, alteróse el semblante de la Maga, y rompiendo en llanto, exclamó:

—¡Ah infortunados! ¡A qué abismo os arrastrarán los incesantes consejos de hombres perversos! ¡Oh estirpe generosa, digna del eminente Hércules! no mancharán el brillo de tu excelencia las faltas de aquellos dos. Por las venas de ambos circulará, sin embargo, tu sangre: ceda, pues, la justicia á la piedad.

Despues añadió en voz mas baja:

—No es necesario ni conveniente que sepas más. Conténtate con saborear las dulzuras que en sí encierra el brillante cuadro que he presentado ante tu vista; y no desees amargarlas á lo último. En cuanto aparezca en el cielo el primer albor matutino, emprenderemos juntas el camino que más directamente conduce al castillo donde gime Rugiero bajo el poder de otro. Yo te guiaré hasta dejarte fuera de esa áspera selva, y cuando lleguemos á la orilla del mar, te enseñaré el camino de modo que te sea imposible extraviarte.

La atrevida jóven permaneció toda la noche en aquella cueva, y estuvo hablando largo rato con Merlin, que le dirigió vivas instancias á fin de que cuanto antes acudiese en auxilio de Rugiero. Apenas empezó á rayar el dia, salió de aquella mansion subterránea por un camino oculto y oscuro, acompañada de Melisa, yendo á parar á un barranco escondido entre montes inaccesibles á toda planta humana. Saltaron zanjas, atravesaron torrentes, y á fin de hacer más agradable tan molesto camino, procuraron mitigar las fatigas que la marcha les causaba, suavizándolas con sabrosas y halagüeñas pláticas, que consistian principalmente en los medios de que deberia valerse Bradamante, y en los que la aleccionaba la Maga, para libertar con maña y astucia á su Rugiero.

—Aunque fueses Palas ó Marte, le decia, y llevases á tus órdenes más gente de la que reunen el rey Cárlos y el rey Agramante, no podrias resistir al nigromante; pues además de estar ceñida la roca inexpugnable de murallas de acero, y de ser tan alta; además de que su caballo se abre camino al través del aire, donde salta y galopa, posee el escudo mortal que, apenas descubierto, hiere los ojos del que lo mira con su resplandor irresistible, quita la vista, y se apodera en tal grado de los sentidos que es forzoso caer en tierra desfallecido. De su brillo no podrás precaverte al combatir teniendo cerrados los ojos; pues entonces, ¿cómo podrias saber en lo más fuerte de la pelea si te acercabas á tu adversario ó te alejabas de él? Un medio, y muy rápido, existe, sin embargo, para huir del fulgor que deslumbra, y para hacer vanos todos los demás encantos, y ese medio que voy á indicarte, es el único que existe en el mundo. El rey Agramante de África ha dado un anillo, robado á una reina de la India, á uno de sus barones llamado Brunel, que se encuentra á pocas millas de aquí: la virtud de ese anillo es tal, que quien lo lleva en el dedo no ha de temer maleficios ni encantos. Sin embargo, Brunel es tan experto en toda clase de hurtos y engaños, cuanto lo es en encantamientos el raptor de Rugiero. El rey Agramante, confiado en la práctica y astucia de Brunel, y en el auxilio del anillo, más de una vez probado en cosas semejantes, le ha dado el encargo de sacar á Rugiero de aquella fortaleza; y Brunel, vanagloriándose de conseguir su intento, ha prometido á su señor devolverle aquel guerrero, que merece toda la preferencia del monarca. Pero á fin de que sea á tí, y solo á tí, á quien deba tu amante su libertad, voy á manifestarte la conducta que has de seguir. Irás durante tres dias caminando por la orilla del mar, que descubriremos dentro de pocos instantes: al tercer dia te encontrarás en una posada con el portador del anillo; le conocerás fácilmente por su corta estatura que no llega á seis palmos, y por su encrespada cabeza; su cabello es negro y atezada su piel; la faz pálida, la barba desmesuradamente larga, saltones los ojos, la mirada torva, aplastada la nariz y ásperas las cejas. Terminaré la pintura que de él te hago diciéndote, que sus vestidos son estrechos y cortos y semejantes á los de un mensajero. Procurarás entablar conversacion con él hablándole de aquellos encantos extraños; y hazle creer que deseas, como en afecto lo desearás, medir tus armas con las del mago, pero guárdate de darle entender que tienes noticia del anillo que destruye toda clase de encantos. Él, entonces, se brindará á servirte de guia y compañero hasta la roca. Síguele, y en el momento en que llegueis á descubrir el castillo, dále la muerte, sin que la piedad detenga tu brazo hasta que pongas por obra mi consejo. Sobre todo, cuida de que no adivine tu pensamiento y tenga tiempo de hacer uso del anillo; porque desapareceria de tu vista en el momento en que se lo metiera en la boca.

Hablando de esta suerte, llegaron al mar, donde desemboca el Garona cerca de Burdeos. Allí se separaron ambas, no sin derramar algunas lágrimas, y la hija de Amon, que no tenia sosiego hasta conseguir romper las ligaduras que sujetaban á su amante, caminó tanto, que llegó una noche á un albergue donde ya se encontraba Brunel.

Le reconoció apenas le hubo visto, pues llevaba bien impresa en la memoria la pintura que de él le hiciera la Maga; preguntóle de dónde venia y á donde iba, cuyas preguntas satisfizo él con otras tantas imposturas. La doncella, prevenida de antemano, no le fué en zaga en engañarle, y le ocultó del mismo modo su patria, linage, religion, nombre y sexo. Temerosa siempre de ser robada, ni separaba sus miradas de las manos de Brunel, ni dejaba que se le acercase demasiado, por lo mismo que conocia sus mañas. Observándose estaban mútuamente, cuando hirió sus oidos un fuerte rumor, cuya causa os diré, Señor, luego que haya descansado un momento.


  1. Existió en Inglaterra un varon justo y tenido generalmente en opinion de santo, el cual, tentado muchas veces por el Demonio, lo sufria todo con admirable paciencia. Fueron por último tantas las persecuciones diabólicas, que el desgraciado, al ver muerto su ganado, y despues de este sus hijos varones y hasta su propia mujer, cayó en cama desesperado, entregando al poco tiempo su alma, en medio de mil blasfemias, á aquel que á tal estado le redujera. Dejó tres hijas, una de las cuales fué condenada á muerte, segun las leyes de aquel país, por haberse dejado seducir por un jóven; la segunda, para no incurrir en una pena semejante, se entregó á la prostitucion; pero la tercera, deseosa de guardar la castidad de que habia hecho voto, fué seducida entre sueños por el Demonio, quedando embarazada. Reducida á prision por esta causa y en virtud del cumplimiento de la citada ley, dió á luz en la cárcel á Merlin, y queriendo sus jueces llevar á cabo la sentencia, fué defendida y libertada por su hijo, niño aun de pocos dias. Hombre ya Merlin, fué á la corte del rey Uterpendragon, donde fundó la famosa órden de la Tabla redonda, é hizo cosas extraordinarias así como muchas profecías. Enamorado de la Dama del Lago, á quien solia llamar la blanca serpiente de la selva del Norte, construyó antes de su muerte un sepulcro capaz para él y para su amante, y estando con ella, le enseñó un conjuro, que una vez pronunciado sobre el sepulcro cerrado, jamás podria este volverse á abrir. La dama que odiaba á Merlin por haberse él envanecido de haberle arrebatado la virginidad, urdió un nuevo engaño, y acariciándole un dia más de lo que acostumbraba, le hizo entrar en el sepulcro con el pretexto de querer asegurarse de su capacidad, y habiendo entrado en él el encantador, lo cerró la dama, pronunciando inmediatamente las misteriosas palabras, de modo que no pudiendo salir, quedó el cuerpo de Merlin muerto, pero su espíritu hablaba y respondia á todo aquel que le dirigia alguna pregunta. ↩
  2. Habiendo Berengario asediado á Milan, Hugo, hijo de Alberto de Este, le obligó á levantar el sitio, y reconquistó aquel Estado desplegando el estandarte en que estaba pintado el dragon que otro Hugo, uno de sus más valerosos ascendientes, habia adoptado como distintivo en la primera cruzada, y cuya historia era esta. Voluce, uno de los jefes de los sarracenos, acostumbraba llevar por cimera una serpiente que entrelazaba su yelmo, en cuya parte superior terminaba con la boca abierta y devorando á un niño. Habiendo retado Voluce á Hugo á singular batalla, este aceptó el reto, venció al infiel, y se apoderó de su casco, cuya cimera adoptaron por enseña él y sus sucesores. ↩
  3. Obligado el papa Gregorio V á huir de Roma á causa de la actitud de los Romanos capitaneados por Crescencio, fué á pedir auxilio al emperador Oton III, el cual le proporcionó un ejército bajo el mando de Hugo de Este, que bien pronto humilló la soberbia de los romanos: habiéndose fortificado Crescencio en el castillo de San Angelo juntamente con el antipapa por él elegido, cayeron ambos en poder de Hugo, que mandó dar muerte al primero y sacar los ojos al segundo. ↩
  4. El ducado de Sajonia, que le correspondia como heredero de su madre Alda, hija de Oton I, el cual habia muerto sin dejar sucesores. ↩
  5. Llama el Poeta casta y prudente á la condesa Matilde, señora de las comarcas que hasta aquí habian formado parte del patrimonio de S. Pedro, porque habiendo contraido matrimonio con Albertazzo de Este, ignorando que era su pariente, así que pasados algunos años tuvo noticia de ello, se separó de su marido aconsejada por el Papa, y dedicándose á la vida contemplativa, murió dejando á la Santa Sede heredera de sus Estados. ↩
  6. Eccelino Romano, jefe de un numeroso cuerpo de ejército, proporcionado por el emperador Federico II, fué un hombre orgulloso y tan cruel, que se le creia hijo del Demonio. Entró en Lombardia al frente de sus tropas, y á sangre y fuego se apoderó de muchas ciudades. Declaró despues la guerra á los paduanos, y habiéndolos vencido, desterró á muchas familias que le parecieron sospechosas, dió muerte á innumerables personas, castrando á los niños, sacando los ojos á los ancianos y cortando los pechos á las mujeres, llegando al extremo de encerrar en el prado de Padua á doce mil hombres que hizo quemar vivos. Habiéndose apoderado despues de Cremona, Mantua, Ferrara y otras muchas ciudades, donde hizo abrir el vientre á las mujeres embarazadas, quemar á los niños, violar á las doncellas y matar á los hombres, se propuso conquistar á Milan; pero los milaneses, aliados con otros pueblos al mando de Azzo V, le derrotaron causándole tres heridas y reduciéndole á prision fué conducido á Sonzino: al verse Eccelino en aquel estado y desesperando de su salvacion, no quiso tomar alimento alguno, se abrió las heridas y murió. Los milaneses, para no quedar sin venganza, se apoderaron de un hermano de Eccelino llamado Alberto, juntamente con su mujer, seis hijos varones y dos hembras, y dieron muerte en su presencia á los hijos, y quemaron despues á las hijas, quitándole en seguida la vida. Las ciudades confederadas continuaron combatiendo contra Federico II; se apoderaron de Ferrara y volvieron á entregarla al Pontífice, el cual dió su gobierno á Azzo de Este, que tan valerosamente se habia portado en su lucha con los soldados de Federico. ↩
  7. El Eridano, rio de Italia, que hoy se llama Pó. ↩
  8. Las Heliades eran las hijas del Sol y hermanas de Faeton. La desgraciada muerte de su hermano les causó tal dolor que estuvieron llorando cuatro meses enteros. Los dioses las transformaron en álamos, y sus lágrimas se convirtieron en granos de ámbar. Por la misma causa, Cienus, amigo de Faeton, fué transformado en cisne. ↩
  9. Creado Oton IV emperador por el Papa Inocencio III, declaró la guerra á la Iglesia y ayudado de la faccion gibelina, redujo al Pontífice á tal extremo, que tuvo que refugiarse en el Capitolio; Inocencio III reunió en él su Consejo y desposeyó á Oton del imperio. Fué auxiliado despues por muchos príncipes de Italia, entre los cuales estaba Aldobrandino de Este, primer marqués de Ferrara, el cual obligó al emperador Oton á regresar á Alemania, y como habia gastado todo cuanto poseia en defensa de la Iglesia, tuvo que pedir dinero prestado á los florentinos dejándoles en prenda á su hermano Azzo, y con bastantes miles de ducados que aquellos le dieron, levantó un ejército y destrozó completamente al enemigo. Murió al poco tiempo dejando á su hermano por heredero del Exarcado de Rávena y de todo el país comprendido entre el Pó y el Apenino, desde Placencia hasta Venecia. ↩
  10. Se refiere á Azzo VI que en la cruzada que pasó á Palestina para librar á los cristianos sitiados en Tolemaida, era portador del estandarte de la Cruz, mereciendo despues por su valor la mano de la hija de Cárlos, rey de las dos Sicilias. ↩
  11. Habiéndose rebelado los habitantes de Faenza contra el Papa Gregorio XI, envió este contra ellos á Juan Hancuto el cual se apoderó de la ciudad, la saqueó, pasó á cuchillo á todos sus habitantes, y la vendió despues por veinte mil ducados á Nicolás de Este. ↩
  12. Rovigo, llamada en Italia Rhodigium, de Rhodos, rosa, en griego. ↩
  13. Esta ciudad es Comacchio, perteneciente al ducado de Ferrara y situada entre el Primaio y el Volano, dos brazos del Pó. Dice el poeta que sus habitantes desean que el mar se altere, porque las tempestades arrastran hácia aquellas lagunas gran cantidad de pescado, de que se utilizan aquellos, que son en su mayor parte pescadores. ↩
  14. Muerto Alberto de Este, Azzo de la misma familia que hacía mucho tiempo habia sido desterrado de su patria, se preparaba á regresar á ella con el auxilio de Tadeo, conde de Conio; pero los tutores de Nicolás rechazaron la invasion de Azzo, y fué creado Nicolás primer señor de su tierra. ↩
  15. Cuando murió Galeazzo Visconti intentaron apoderarse del gobierno de la Lombardia numerosos tiranuelos y capitanes, y entre ellos Oton III, el cual usurpó las ciudades de Parma y Reggio que habia sido cedida tiempo hacia por Azzo de Correggio á Obizzo de Este. Llegado Nicolás á su mayor edad, tomó las armas y dió muerte al citado Oton, y aclamándole los habitantes de Parma y Reggio como á su libertador, se pusieron voluntariamente bajo su dominio. ↩
  16. Condenada á muerte por Nicolás de Este su mujer á quien habia sorprendido en adulterio, se casó con Ricciarda Salucense, de la que tuvo dos hijos, Hércules y Sigismundo: antes habia tenido otros dos naturales llamados Leonelo y Borso. Cuando murió Nicolás, dejó por herederos á los hijos legítimos confiándolos al cuidado de Leonelo, el cual se apoderó del gobierno de los Estados de Ferrara y desterró á Nápoles á sus hermanos. Gobernó durante nueve años, y al morir dejó un hijo pequeño llamado Nicolás, recomendándolo á su hermano Borso, el cual, guiado por su corazon religioso y magnánimo, levantó el destierro de sus dos hermanos y los hizo educar como príncipes. Borso fué amado de todos, y habiendo recibido pomposamente en Ferrara al emperador Federico, fué titulado por este duque de Ferrara, cuyo título fué confirmado por el Papa Paulo II, en él y todos sus descendientes. ↩
  17. Estos eran Cástor y Pólux, Elena y Clitemnestra, que habian nacido del consorcio de Júpiter, convertido en cisne, con Leda, esposa de Tindaro. Muerto Castor á mano de Linceo, su hermano pidió á Júpiter que lo hiciera inmortal; pero como este ruego no podia ser enteramente atendido, se les concedió que dividieran la inmortalidad entre ellos, de suerte que vivian y morian alternativamente. ↩
  18. Astrea, diosa de la justicia, segun la fábula. ↩
  19. Medea fué una célebre maga que se enamoró de Jason, conquistador del vellocino de Oro. Habiéndose casado él despues con Creusa, Medea se vengó matando á todos los hijos que habia tenido de Jason.—Progne, hija de Pandion, rey de Atenas, mató á su hijo y lo sirvió en la comida á su esposo Tereo, furiosa al ver que este le habia sido infiel violentando á su hermana Filomena. ↩
  20. Enemistado Alfonso con el Papa por no querer prestarle vasallaje por el feudo de Ferrara, le declaró la guerra. El Papa entonces fué auxiliado por Fernando de Aragon y los venecianos. El capitan aragonés Pedro Navarro pasó con su gente á la Romanía y entró en el ducado de Ferrara, apoderándose á viva fuerza de la Bastia, fortaleza del Duque. Una vez posesionados de ella, los soldados españoles se esparcieron por todas las estancias buscando qué comer y entonces Alfonso, logrando escaparse, reunió todas sus gentes y derrotó á su vez al descuidado enemigo. Los romañoles que por creer perdido el ducado de Ferrara iban devastando el país, fueron tambien destrozados por Alfonso, el cual se apoderó otra vez de la Bastia, siendo pasada á cuchillo toda la guarnicion española, por creer los ferrareses que su duque habia muerto de una pedrada cuando solo estaba herido. ↩
  21. Publio Virgilio Maron, príncipe de los poetas latinos, contemporáneo y amigo del emperador Augusto. ↩
  22. Los venecianos, enemigos de Ferrara, acudieron al Pó con una respetable armada contra ella. El cardenal Hipólito salió de la ciudad con unos cuantos caballos é infantes y al llegar á Volana, castillo próximo al Pó, estableció secretamente su artilleria, protegido por los márgenes del rio, hizo por todas partes ciertas aberturas, y viendo descuidadas 20 galeras venecianas por haber saltado á tierra su tripulacion para saquear el país, rompió de noche el fuego contra ellas, echó cuatro á pique y se apoderó de las otras quince. Angelo Trevisano, jefe de aquella escuadra, logró escapar en la restante. De esta victoria hace diferentes veces mencion el Ariosto en este poema. ↩
  23. Ultrajado por el cardenal Hipólito, D. Fernando, su hermano carnal, acudió al Duque pidiendo venganza ó castigo para él; pero viendo que no la conseguia se aconsejó de Don Julio, su hermano natural, y entrambos determinaron asesinar al Duque. Faltándoles en todas ocasiones resolucion para ello, fueron al fin sus planes descubiertos por el prudente cardenal y condenados á cadena perpétua. ↩