Saltar al contenido
Socialismo utópico y socialismo científico

Capítulo 1 de 3

Índice

Capítulo 1

Prólogo

Socialismo utópico y socialismo científico · Friedrich Engels

FEDERICO ENGELS


I

Federico Engels, el eminente representante del socialismo científico, nació el año de 1820 en Barmen (provincia rhenana de la Prusia) de una familia rica de industriales. Se dió á conocer en 1844 con sus Nociones sobre una crítica de la Economía política, que salieron á luz por primera vez en los Anales franco-alemanes, publicados en París por Marx y Ruge. Las Nociones formulan ya algunos principios generales del socialismo científico.

Enviado á Inglaterra por sus padres para perfeccionarse en el comercio, pudo observar directamente en Manchester el acrecentamiento de miseria que valía á la clase trabajadora el desarrollo de la grande industria. El Gobierno inglés, impulsado de una parte por los cartistas, unidos á los amnistas, y de la otra por la aristocracia, que tenía interés en desprestigiar la burguesía industrial, proseguía su terrible información sobre el trabajo de las fábricas. Esta información, que duró años y fué dirigida por hombres animosos é imparciales, es la más espantosa acusación que se ha formulado jamás contra la burguesía industrial. Un solo grito de horror salió de toda Inglaterra cuando se publicaron las relaciones sobre el empleo de los niños en las fábricas, relaciones que encerraban una acusadora revelación arrojada á la faz del liberalismo burgués. Jamás, en ninguna de las sociedades que nos han precedido, la especie humana había sido presa de tantos dolores: los niños echaban del taller á los padres y á las madres, y las pobres criaturas, de ocho y diez años de edad á lo sumo, trabajaban doce, catorce y hasta dieciséis horas diarias. Para que no se durmiesen se les trataba á latigazos y metiéndolos en cubos de agua fría. Por aquella época, en 1845, fué cuando Engels escribió su notable libro sobre la Situación de las clases obreras en Inglaterra, cuyo influjo dura todavía en Alemania. Cuando el Parlamento prusiano discutió la ley que prohibe emplear en las fábricas á los niños menores de catorce años, se le citó como una autoridad.

Engels es uno de esos revolucionarios cosmopolitas que toman parte en los movimientos, sea cualquiera el país donde se produzcan. En Inglaterra colaboró en el Northern Star, órgano oficial del partido cartista, y en el New Moral World, de Roberto Owen; en Bruselas contribuyó á la fundación de la Asociación Democrática, Sociedad política internacional, donde se hallaban reunidos los delegados de los radicales burgueses y de los obreros socialistas; por último, entró en la Liga de los Comunistas, fundada en Londres. Su conocimiento de los idiomas europeos le facilitó la acción cosmopolita. El Consejo General de la Internacional le encargó de la correspondencia de España, Portugal é Italia, habiendo comunicado con los internacionalistas de estos diferentes países en sus idiomas respectivos

Tan luégo como Engels y Marx se conocieron (tenían á la sazón poco más de veinte años) una amistad estrecha los unió, amistad que fué creciendo con los años y con su vida de luchas revolucionarias.

Cuando se hallaban reunidos trabajaban juntos. El Manifiesto del Partido Comunista, La Santa Familia y otros escritos llevan al pie sus dos nombres. Después de haber fracasado el movimiento revolucionario de 1848, cuando Engels se vió obligado á volver á Manchester á trabajar en la casa de comercio de la que más tarde fué asociado, no cesó un instante de estar en comunión de ideas con su amigo Marx. Escribíanse diariamente, y en sus cartas analizaban los sucesos del día y discutían sobre cuestiones teóricas. La publicación de esta correspondencia, que duró cerca de veinte años, será un interesantísimo documento para la historia del movimiento europeo de nuestros días.

En 1850, Engels escribió en la Revue de la Nouvelle Gazette Rhénane la Guerre des paysans allemands. Más tarde, al renovarse el movimiento socialista en Alemania, Engels y Marx tomaron parte en la redacción del Volksstaat, órgano del Partido Obrero y la publicación periódica más científica que el socialismo había creado hasta entonces. Varios artículos de Engels han sido reunidos en folletos, tales como El movimiento social en Rusia, La cuestión de las habitaciones, La insurrección cantonalista en España, etc.

La serie de los últimos artículos que envió al Vorsvarts, periódico socialista en que colaboró también con Marx, á los cuales dió el título irónico de Bouleversement Duhringien de la science, es una crítica docta y chispeante de ingenio de las teorías de Duhring, el célebre filósofo liberal, sobre las ciencias en general y el socialismo en particular. En estos artículos, que han sido reunidos en un volumen, Engels da una idea de los grandes conocimientos científicos que posee. Marx, juez competente en la materia, consideraba á Engels como á uno de los hombres más instruídos de Europa. Engels ha estudiado todas las ciencias, pero especialmente la ciencia social, la Filología y la ciencia militar, habiendo escrito sobre esta última varias obras que han llamado mucho la atención del Estado Mayor prusiano. Tiene Engels un temperamento de soldado, y si sus opiniones socialistas no le hubiesen impedido poner su espada al servicio del Gobierno prusiano, habría adquirido indudablemente un nombre como general. Los enemigos más encarnizados del socialismo en Alemania, se ven obligados á confesar que los dos fundadores del socialismo científico son hombres de ciencia vasta y profunda.

La obra que sigue á esta biografía, y que ha sido ya traducida al francés, al italiano y al polaco, está extractada del libro contra Duhring, y forma lo que podríamos llamar una Introducción al Socialismo científico.

Aun cuando absorto por la publicación de los manuscritos de Marx, Engels ha dado á la imprenta, en 1884, una obra sobre el Origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado.

En 1849, Engels se había trasladado á Alemania, en compañía de Marx, para organizar el movimiento revolucionario y fundar la Nueva Gaceta Rhenana, de la cual se separó para ir á tomar una parte activa en la insurrección de mayo de 1849. Como este episodio de nuestra historia revolucionaria es poco conocido, lo referiremos, si bien sucintamente.

II

INSURRECCIÓN DE MAYO DE 1849

La insurrección de 1849, que sublevó las provincias rhenanas y el Sur de la Alemania, fué provocada por la negativa de la mayor parte de los Gobiernos alemanes de aceptar la Constitución votada por la Asamblea Nacional de Francfort. Esta Asamblea no había tenido nunca fuerza material, y, lo que es peor, había descuidado el adoptar las medidas necesarias para adquirir esta fuerza; así que, terminada su Constitución en el papel, había perdido los últimos restos de su poder moral. Aunque romántica en su espíritu y en sus tendencias, la Constitución votada era la única bandera que podía servir para intentar un nuevo movimiento, salvo no aplicarla después de la victoria.

La insurrección comenzó en Dresde el 3 de mayo; algunos días después, extendióse por el Palatinado bávaro y por el Gran Ducado de Baden. El gran duque se había fugado al ver á la tropa fraternizar con el pueblo.

El Gobierno prusiano, que había vencido el movimiento revolucionario en 1848, desarmado al pueblo de Berlín y puesto la nación en estado de sitio, declaróse protector de los otros Gobiernos y envió inmediatamente tropas á Dresde, las cuales, después de cuatro días de combate y de una resistencia heroica, vencieron á los insurrectos.

Mas para someter el Palatinado y el Ducado de Baden se necesitaba un ejército, y, para formarle, la Prusia tuvo que hacer un llamamiento á la reserva. En Iserlohn (Westfalia) y en Elberfeld (Prusia rhenana) los hombres de la reserva se negaron á tomar las armas. El Gobierno envió tropas para obligarlos. Las poblaciones formaron barricadas y rechazaron las tropas. Iserlohn fué tomada después de dos días de combate. En Elberfeld, los insurrectos, que eran unos 1.000, no teniendo medios de resistencia, resolvieron abrirse paso por en medio de las tropas que los rodeaban y pasar á los Estados del Sur, que estaban sublevados. Esta tentativa fué desgraciada: los revolucionarios fueron derrotados completamente y su comandante Mirbach hecho prisionero; pero un gran número de insurrectos, ayudados por los habitantes de la comarca, pudieron llegar, sin embargo, hasta las provincias del Sur.

Engels era ayudante de Mirbach, pero éste, antes de llevar á cabo su plan de campaña, lo envió en comisión á Colonia, que se hallaba en poder del ejército prusiano. La verdad es que Mirbach no quería tener á su lado un comunista conocido, por no asustar á los burgueses de los territorios que pensaba atravesar.

Durante este tiempo la insurrección se propagaba en la Alemania del Sur; pero los revolucionarios, lo mismo que en París en 1871, cometieron la falta imperdonable de no tomar la ofensiva. Las tropas de los pequeños Estados circunvecinos estaban desmoralizadas y no aguardaban más que un pretexto para unirse á la insurrección, hallándose decididas á no pelear contra el pueblo. Los sublevados habrían podido levantar y arrastrar consigo las poblaciones, declarando que iban á libertar la Asamblea de Francfort, rodeada de tropas prusianas y austriacas.

Después de la supresión de la Nueva Gaceta Rhenana, Engels y Marx se trasladaron á Mannheim para proponer á los jefes del movimiento que marchasen sobre Francfort. Pero aquéllos no quisieron escucharlos, dando por pretexto que las tropas estaban desorganizadas con la fuga de los antiguos oficiales, que no tenían municiones, etc.

Mientras que los insurrectos permanecían inactivos, los prusianos, unidos á los bávaros y reforzados por las tropas de los Estados pequeños, que los insurrectos habían podido atraerse con alguna resolución, adelantábanse á marchas forzadas sobre los países sublevados. El ejército reaccionario, compuesto de 36.000 hombres, barrió el Palatinado en una semana con los 8 ó 9.000 insurrectos que lo ocupaban. Hay que advertir que las dos fortalezas del país habían estado siempre en poder de la reacción. El ejército revolucionario se replegó sobre las tropas badenses, que se componían de 10.000 soldados de línea y 12.000 de cuerpos francos. Hubo cuatro encuentros generales, y las tropas reaccionarias sólo debieron la victoria á la superioridad del número y á la violación del territorio wurtenbergués, que les permitió flanquear el ejército revolucionario en el momento decisivo. Después de seis semanas de combates en campo raso, los restos de las fuerzas insurrectas tuvieron que refugiarse en Suiza.

En esta última campaña, Engels sirvió como ayudante del coronel Willich, jefe de un cuerpo franco de comunistas. Tomó parte en tres encuentros y en la batalla decisiva de la Murg. El coronel Willich, expatriado en los Estados Unidos, murió hace pocos años con el título de general, que había ganado en la guerra de separación.

La obstinada resistencia que acabamos de reseñar, opuesta, en campo raso, por unos cuantos miles de insurrectos, sin organización y casi sin artillería, al ejército prusiano, que era ya en aquel tiempo uno de los primeros del mundo, da una idea de lo que nuestros amigos los socialistas de Alemania serán capaces de llevar á cabo el día en que el clarín revolucionario suene en Europa.