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Metamorfosis

Capítulo 115 de 161

Índice

Tomo III · Libro décimo · Capítulo 115

Fábula II

Metamorfosis · Ovidio

BAJADA DE ORFEO Á LOS INFIERNOS.

Despues de haber llorado Orfeo la pérdida de su esposa, y haber llenado los aires de ayes y lamentos, para hacerlos tambien resonar en la region de las sombras, formó por último el atrevido designio de bajar á los infiernos por la cueva y entrada que está en el monte Ténaro;1 y caminando por entre una multitud de leves sombras de las almas de los que habian logrado el honor de la sepultura, se presentó ante Proserpina y Pluton, que son los que reinan en aquella triste region, é hiriendo las cuerdas armoniosas de su lira, las acompañó con la cancion siguiente:

„Ó Deidades del mundo subterráneo, adonde venimos á parar todos los mortales, si dais licencia para que hable la verdad, omitiendo preámbulos importunos, no he venido acá para ver la negra mansion de los infiernos, ni para atar al Cancerbero de tres gargantas, ásperas con las serpientes que las rodean. Mi esposa es la causa de mi venida, que pisando una víbora, la mordió é infundió su veneno, y la causó la muerte en los floridos años de su juventud: procuré sufrir con paciencia esta desgracia, y confieso haber hecho cuanto pude para conseguirlo; pero venció el amor: ese Dios, que es bien conocido allá sobre la tierra: dudo si aqui lo será igualmente; pero me inclino á creer que sí tambien lo es, pues á vosotros igualmente os ha ayuntado el amor, si es que no miente la fama de que os unisteis por medio del pasado rapto.2 Yo pues os suplico, poderosos Dioses, por estos lugares llenos de temor, por este caos, y por el pavoroso silencio de este dilatado reino, que me deis á Eurídice, y anudeis el hilo de su vida, que fue cortado fuera de sazon. Todos los vivientes os somos deudores; y aunque dilatemos algo nuestra vida, tarde que temprano todos caminamos á estas regiones. Estas son nuestras últimas moradas, en que os podeis vanagloriar de tener un imperio eterno sobre el género humano. Tambien Eurídice, cuando muera á su tiempo y en otra edad mas avanzada, volverá á recaer en vuestra jurisdiccion. Solo os pido el uso de algun tiempo por gracia y beneficio; pero si los hados se oponen á mis deseos, vengo con determinacion de quedarme en estos lugares: gozad enhorabuena de la muerte de dos.” Aquellas pálidas almas lloraban al ver expresar los sentimientos de Orfeo, y al oir acompañar sus acentos con su armoniosa lira. Tántalo3 dejó de coger el agua que siempre se le escapaba. La rueda de Ixion4 se detuvo; los crueles buitres, que despedazaban el hígado del desgraciado Ticio, le dieron algun descanso; las hijas de Belo cesaron de echar agua en el tonel horadado, que se vacia al paso que lo llenan; Sísifo se sentó sobre la piedra, que está condenado á rodar sin pausa ni descanso. En esta ocasion fue cuando se vió por primera vez llorar á las implacables Furias. Proserpina y Pluton se enternecieron, y mandaron llamar á Eurídice, que estaba entre las almas recien entradas, y vino cojeando5 por causa de la mordedura de la serpiente. Recíbela Orfeo bajo la condicion de no volver atras los ojos hasta haber salido de los valles del Averno, so pena de que la perderia, y seria nula la gracia.6 En medio de aquel profundo silencio trepan por un camino cuesta arriba lleno de malezas, y en que habitaban la oscuridad y las mas densas tinieblas. Ya les faltaba poco para llegar á la superficie de la tierra, y salir de aquella oscura region, cuando Orfeo, temiendo en este sitio no se cansase Eurídice, y deseoso de verla volvió la vista, y al punto fue detenida y retirada hácia atras; y extendiendo sus brazos para asir con ellos á su esposo, ó ser asida por él, no encontró ni palpó otra cosa la infeliz que el viento deleznable, y muriendo con esto segunda vez, no se quejó de que tuviese la culpa su marido. Porque ¿cómo habia de quejarse de verse amada? Con esto le dió el último á Dios, que con dificultad llegó á sus oidos, y fue tornada con violencia al oscuro reino de donde habia salido. No causó menos pasmo á Orfeo la duplicada muerte de su muger que á aquel pastor7 que tímido vió á Cancerbero encadenado por la garganta de en medio, el cual no perdió el pavor hasta que se le trasmutó su naturaleza convirtiéndose en peñasco: ni el referido pasmo de Orfeo fue menor que el de Oleno, que, cargando sobre sí el delito de su muger, quiso parecer y aparentar que era reo, el cual y Letea su esposa, engreida con su hermosura, y que en otro tiempo se quisieron tiernamente, ahora son peñascos del monte Ida. El desgraciado Orfeo volvió hácia atras en seguimiento de su muger, y se esforzaba para pasar el rio Leteo; pero el barquero Aqueronte8 se lo prohibió, alejándole de su barca. Permaneció siete dias y otras tantas noches á la ribera del rio infernal sin otro alimento que sus lágrimas.



  1. Era un monte de Laconia, en el cual habia una profunda cueva, que creian ser la entrada para bajar á los infiernos. ↩
  2. Alude á la fábula del rapto de Proserpina, que ya queda tocado en el libro quinto. ↩
  3. Por haber puesto en una cena á Júpiter y Mercurio á su hijo Pelope fue condenado al infierno á la pena de estar en un rio y huírsele el agua, y las frutas de un árbol que estaba sobre su cabeza, cuando queria beber ó comer: es símbolo de los avarientos, que no gozan de lo que tienen. ↩
  4. Fue el padre de los Centauros, que los hubo en una nube que tenia la figura de Juno, y fue condenado al tormento de la rueda. Este y los demas tormentos que toca el poeta se suspendieron al embeleso y melodía del cántico de Orfeo. ↩
  5. Esto indica el errado concepto que tenian de los espíritus, á quienes daban configuracion corporal. ↩
  6. Esta fábula se hubo de confarcinar sobre la confusa noticia que hubieron de tener los gentiles del suceso de la muger de Loth, que por haber mirado atras cuando huia de Sodoma con su marido é hijas quedó convertida en una estatua de sal. ↩
  7. Tócase aqui de paso la fábula de un pastor, que al ver á Cancerbero, á quien Hércules sacó del infierno, y le traia por las ciudades de Grecia atado con una cadena por el cuello del medio, se quedó pasmado, y se convirtió en peñasco. ↩
  8. Era el barquero, que en su barca pasaba las almas al otro lado del rio; pero no admitia en ella á las de los que no habian sido sepultados. En esta barca finge Virgilio haber pasado Eneas y la Sibila para llegar á ver á su padre Anquises. ↩