Tomo I · Libro segundo · Capítulo 34
Fábula XI
BATO TRANSFORMADO EN PIEDRA DE TOQUE.
Nadie supo de este hurto, sino un viejo conocido en aquel campo con el nombre de Bato. Guardaba este pastor los bosques y dehesas abundantes de yerba del rico Neleo, y los rebaños de las excelentes yeguas. Á este teme Mercurio; y llegándose á él disimuladamente le dice: „Huésped,1 quien quiera que seas, si alguno por casualidad busca estos rebaños, dile que no los has visto, y para que no quedes sin recompensa, toma en premio una blanca vaca.” Se la da, y luego que el huésped la recibe, „ve seguro, le responde: primero publicará tu hurto esta piedra que te muestro.” Marcha el hijo de Júpiter, mas volvió pronto; y mudando de figura y de voz á un mismo tiempo: „villano, le dice, ¿has visto ir por este campo unas vacas? dímelo, y no me ocultes el hurto, que te daré en premio una vaca con su novillo.” El viejo, luego que vió doble la recompensa, „estarán dice, á la falda de aquellos montes;” y en efecto, baxo de ellos estaban.
Se rió el nieto de Atlante, y le dice: „Pérfido, ¿me vendes á mí mismo?” y le convirtió en dura peña, que aun ahora se llama la señal, permaneciendo la antigua infamia en el peñasco, que no la merecia.
- Se llama tambien huésped á qualquier extrangero. ↩