Tomo II · Libro séptimo · Capítulo 83
Fábula primera
JASON Y MEDEA.
Ya la nave Argos1 habia conducido á los de Tesalia por diferentes mares; ya habian visto á Finéo,2 aquel Príncipe desgraciado, pasando una postrada y triste vejez despues de haber perdido la vista; ya los hijos de Boreas habian ahuyentado á las Harpías,3 que con tanta crueldad atormentaban al viejo; quando en fin, despues de haber padecido muchos trabajos en todo el discurso del viage, llegaron estos héroes con su caudillo Jason á las orillas del Faso.4 Luego que desembarcaron se presentan al Rey, y le piden el vellocino de oro5 en que Frixo habia sido conducido á la Cólquide.
Este Príncipe, con la idea de desanimarlos y echarlos de sí, les dixo lo que debian hacer para adquirir aquel rico depósito, y les hizo ver todos los riesgos á que debian exponerse. Entre tanto, Medea, su hija, se enamora de Jason. Y despues de luchar por mucho tiempo sin poder vencer con reflexîones la inclinacion que la arrastraba: „En vano, se dixo, te resistes, Medea; algun Dios se opone á tu tranquilidad; los ocultos movimientos que agitan tu corazon te son desconocidos; pero si no me engañó, esto es lo que llaman amor, ó se parece mucho á ello. Pues á no ser así, ¿cómo me habian de parecer demasiado duras las leyes que mi padre ha impuesto á este héroe? Ellas lo son en efecto. ¿Por qué temo tanto su muerte? ¿Por qué me alarma el riesgo que corre este extrangero? ¿Quál puede ser la causa de un temor tan excesivo? ¡Infeliz! apaga si puedes el fuego que has concebido en tu corazon virginal. ¡Ah! si yo pudiera seria mucho mas sabia. Pero una nueva violencia me arrebata aun contra mi voluntad; el amor me aconseja una cosa, y el entendimiento me persuade otra. Veo lo mejor; lo apruebo, y sin embargo me dexo arrastrar de lo mas malo. Insensata ¡quál es tu ceguedad! ¿Una Princesa de tu clase debe amar así á un extrangero? ¿Estoy yo destinada á seguir un marido á desconocidos paises? ¿No hallaré, pues, en el Reyno de mi padre otro amante digno de mi afecto? De cuenta de los Dioses está su vida ó muerte: viva en efecto; á lo menos bien puedo pedirles por su vida sin amarle. ¿Qué delito ha cometido para verse expuesto á tantos riesgos? ¿Á quién, sino es una fiera, no inclinará su juventud, nobleza y gallardía? Y quando le faltara todo esto, ¿quién no se moveria al ver el ayre noble y gracioso que brilla en su persona? ¡Ah! yo me siento demasiado interesada por él.
„Sin mi auxîlio, ó será devorado por las llamas que vomitan los toros, contra quienes debe pelear, ó vencido por el número de los enemigos que han de nacer de los dientes de la serpiente que le obligarán á sembrar, despues que triunfe de ella; ó en fin será presa de aquel horrible dragon que guarda el vellocino de oro. Si yo llego á mirar tal espectáculo, ¿no me persuadiré, ó que he nacido de una tigre, ó que tengo el corazon mas duro que un bronce y que las rocas? ¿Por qué, pues, no me resuelvo á verle morir, y á hacer á mis ojos cómplices de su muerte? ¿Por qué, pues, no enciendo fuego para que muera abrasado, ó por qué no animo contra él los toros, los soldados que salgan de la tierra, y al vigilante dragon? No ¡justos Dioses! permitid que logre cosas mas lisonjeras. Pero yo no debo desearlas, puesto que puedo hacerlas.6 ¿Mas le he de entregar el reyno de mi padre por salvar á un desconocido, que viéndose libre tal vez me abandonará, se embarcará sin llevarme consigo, é irá á entregar á otra su corazon y mano, quedando yo en un continuo tormento? ¡Ah! perezca Jason, puesto que puede cometer esta ingratitud posponiéndome á otra. Pero no demuestra tal cosa su rostro, ni la nobleza de su ánimo, ni la gracia de su belleza: no, no tengo que temer engaño ni olvido de mis beneficios: la generosidad es inseparable de las almas como la suya. Ademas yo quiero que antes comprometa su palabra, y le haré que jure por los Dioses: y en tal caso ¿qué temor tendré con tal seguridad? Vamos pues sin mas tardanza á socorrerle. Jason, que se reconocerá deudor mio, se unirá á mí con solemne matrimonio: sí, serás celebrada y aplaudida del pueblo por todas las ciudades de la Grecia, que te mirarán como á su libertadora. ¿Pero he de abandonar á mi hermana, hermano, padre, Dioses y patria? Y ¿qué he de hacer? quando mi padre es un cruel, mi hermano7 aun niño, la tierra bárbara; y por lo que toca á mi hermana8 obro segun sus deseos. Algun grande Dios está dentro de mí; lo que voy á dexar no es tan grande ni interesante como lo que determino seguir, que es la gloria de haber librado la juventud griega, mejorar de Reyno y de Corte, trocando la mia por otra, en que, segun la fama, florecen la cultura y las artes, y poseeré al amable Jason, que prefiero á todos los bienes del universo: si yo soy su esposa, mi felicidad igualará á la de los Dioses. No ignoro los riesgos que se corren en el mar; sé que se encuentran escollos; que la cruel Caribdis vuelve á vomitar las olas que ha sorbido; que Escila con sus perros ladradores de un modo horrible causa terror y espanto en el mar de Sicilia. Pero teniendo yo lo que amo, y asida á los brazos de Jason, atravesaré sin miedo los vastos mares; y si temiere algo, serán solo los peligros de mi esposo. ¡Infeliz! ¿con qué le llamas tu esposo? ¿con que cubres tus delitos con el nombre sagrado de Himeneo? Considera antes el horrible crímen que meditas, y evítale mientras puedas.”
Quando Medea acabó de hacer todas estas reflexîones, el pudor, la razon y la piedad se presentaron ante su agitado espíritu, y ya salia desarmado el amor. Su pasion ya no tenia la misma violencia, y se sentia animada de un valor y fuerza que no conocia un momento antes: quando habiendo salido á ofrecer un sacrificio á la Diosa Hecate,9 cuyo templo estaba en la espesura de un opaco bosque, tuvo la desgracia de encontrar á Jason. Como una chispa casi apagada en la ceniza se enciende al menor soplo, y se hace capaz de ocasionar los mayores incendios, el amor de Medea, á quien sus reflexîones habian debilitado, volvió á tomar nueva fuerza á la vista del jóven héroe; y por fortuna, puede decirse que nunca estuvo mas hermoso que aquel dia, y aun se podria disculpar la pasion que le tenia. Luego que le descubrió, le mira con tanta atencion, teniendo clavados en él los ojos, como si fuera la primera vez que lo veia: tan ciega estaba, que le parecia divino su semblante, y no se apartaba de él un punto. Despues que la habla el extrangero, le alarga la mano, é implora rendido su auxîlio prometiéndola ser su esposo. „Bien sé, le respondió la Princesa, derramando algunas lágrimas, el partido que debiera tomar; pero si falto á mi deber, no es porque ignore sus rigurosas leyes: el amor solo puede servirme de disculpa: serás libre con mi ayuda; mas no te olvides de tus promesas.” „Sí, la dixo Jason, yo te prometo una eterna fidelidad: juro por Diana, á quien reverencian en este pais: por el sol, de quien desciendes:10 por este Dios que nos ve, y que alumbra el universo; y por los riesgos de que me libertas, que nada será capaz de separarme de tí.” Asegurada Medea por los juramentos de Jason, le dió al momento algunas yerbas encantadas, enseñándole el uso que habia de hacer de ellas, con lo que se retiró contento á su casa.
- Fue la primera nave que surcó los mares: el piloto que la dirigia se llamaba Tifis, y los que la montaron con Jason para la expedicion de la conquista del vellocino de oro, se llamaron de ella Argonautas, que quiere decir los que navegaban en la nave Argos. ↩
- Es diverso del otro Finéo que en las bodas movió el tumulto contra Perséo; fue Rey de Tracia, hijo de Agenor, y por la atrocidad de haber hecho sacar los ojos á sus hijos, le cegó Boreas, y á esto aluden las expresiones de que pasaba una triste vejez. ↩
- Eran unos monstruos con rostro de muger, orejas de oso, cuerpo y alas de buytre con garras en las manos y pies, y que con un continuo fluxo del vientre lo ensuciaban todo, y robaban los manjares de las mesas: eran tres, y se llamaban Aello, Ocipete y Celeno, á las quales Cetes y Calais, hijos de Boreas, ahuyentaron de la casa y mesa de su cuñado Finéo. ↩
- Rio de la Cólquide, en el qual fue transformado por Tetis un Príncipe de este nombre. ↩
- Era la piel de un carnero, en el qual los dos hermanos Heles y Frixo, huyendo de la muerte que les preparaba Creteo, fueron arrebatados por los ayres, y atravesaron la parte ó estrecho del mar que se llama el Helesponto, de Heles, que turbada con el ímpetu de las olas no se pudo sostener en el carnero; cayó en el mar y se ahogó. Frixo, su hermano, arribó á la Cólquide, donde sacrificó á Júpiter el carnero, y colgó en un árbol el vellon de oro, que fue objeto y causa de la expedicion de Jason. ↩
- Por la eficacia de sus encantos. ↩
- Llamábase Absirto. ↩
- Se llamaba Chalciope, que estaba declarada por Jason por la conexîon de estar casada con Trixo, cuyos hijos recibieron auxîlios y otros miramientos de Jason. ↩
- Deidad, á quien invocaban en los encantos, y que era la misma que Proserpina con el renombre de Hecate, y no solamente la invocaban para los encantos, sino tambien á las Furias, á las Parcas, y á otras deidades del Erebo. ↩
- Era hija de Eeta, que lo fue del Sol y de Persa, y reynó en Colcos. ↩