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Metamorfosis

Capítulo 36 de 161

Índice

Tomo I · Libro segundo · Capítulo 36

Fábula XIII

Metamorfosis · Ovidio

LA ENVIDIA SE APODERA DE AGLAURA.

Camina Palas inmediatamente al templo de la Envidia, cubierto de negra podre,1 que es una casa oculta en lo mas profundo de una gruta, donde habita la tristeza y el frio, á quien es desconocido el fuego, y donde siempre reyna la mayor obscuridad. Luego que llegó á ella esta muger varonil, temible en la guerra, se paró á sus umbrales (porque no le era permitido entrar), y llama á las puertas con la punta de su lanza. Apénas las tocó, quando se abren: ve en su interior á la Envidia comiendo carne de víboras, único alimento de sus vicios; aparta su vista horrorizada de este espectáculo; mas ella se levanta perezosa, y dexando á medio comer los cuerpos de las serpientes, se dirige á Palas con lentos pasos; y viéndola tan hermosa y con tales armas, empezó á gemir, é hizo asomar á su semblante la tristeza que sentia en su interior. Habita en su rostro la palidez; presenta consumido todo su cuerpo; mira siempre de reojo, y tiene los dientes ennegrecidos con el sarro; reverdece con la hiel su pecho; la lengua está inficionada con el veneno. Jamas se rie, sino quando ve el mal ageno; no puede dormir movida de los vigilantes cuidados; ve con horror los prósperos sucesos de los hombres, y viéndolos se consume; de suerte, que á un mismo tiempo daña y es dañada, siendo ella verdugo de sí misma. Tritonia,2 aunque la aborrecia, la dixo en pocas palabras: „Inficiona con tu veneno á una de las hijas de Cecrope, que así conviene á mis intentos: Aglaura es esta.” Desapareció sin hablar mas; y clavando su lanza en la tierra la hizo temblar. Ella, mirando por encima el hombro á la Diosa en su fuga, murmuró secretamente, pesándole de la prosperidad futura de los sucesos de Minerva: toma su báculo, compuesto de espinosos nudos, y cubierta de negras nubes, destruye los floridos campos por qualquiera parte que pasa: abrasa la yerba, y aniquila los mas altos montes; contamina con su aliento pueblos, ciudades y casas; y por último, mira la ciudad consagrada á Palas, floreciente en ingenios, riquezas, y amable paz. Detiene con dificultad las lágrimas, porque nada ve digno de llanto. Pero luego que entró en el aposento de la hija de Cecrope,3 pone en execucion las órdenes de la Diosa: toca su pecho con envidiosa mano, y llena sus entrañas de ramosas espinas: le introduce nociva la ponzoña, llena sus huesos del pestífero veneno, y le esparce por sus pulmones. Y para que no tarde en probar su dolor, presenta á su imaginacion á la hermana su feliz casamiento, y al hermoso Dios. Todo se lo propone grande; con cuyos remordimientos, estimulada la hija de Cecrope, se ve atormentada ocultamente, y gime noche y dia llena de sobresaltos. Empieza á consumirse la infeliz, no de otra suerte que se derrite el hielo con la presencia del Sol ardoroso: se abrasa envidiosa de la felicidad de Herse, del mismo modo que las espinosas yerbas quando se les aplica fuego; porque sin levantar llama se queman lentamente. Algunas veces se deseaba la muerte por no presenciar esto, y otras pretendia descubrirlo á su padre como si fuera un delito.



  1. Topografía ó descripcion de la casa de la Envidia. ↩
  2. Palas, de la laguna Triton. ↩
  3. Aglaura. ↩