Tomo II · Libro quarto · Capítulo 54
Fábula III
APOLO Y LEUCOTOE.
El pasto de los caballos del sol está hácia el poniente, donde, descansando de la fatiga del dia, se alimentan de ambrosia en vez de yerba, con cuyo sustento recobran las perdidas fuerzas para volver á la tarea. Una noche, mientras ellos pacian, entró el sol en el aposento de su amada Leucotoe baxo la figura de su madre, y la halló hilando1 á la luz, acompañada de doce criadas. Yo tengo que hablarte, la dixo, dándola un ósculo; retiraos vosotras, pues no necesita de testigos el secreto que intento confiar á mi hija. Obedecieron, y habiendo quedado solos, la dice: „Yo soy el que gobierna el año,2 el que todo lo ve y todo lo alumbra; yo soy la luz del mundo; y yo, creeme, estoy enamorado de tí.” Leucotoe se llena de temor, y con el miedo dexa caer de sus trémulas manos el huso y la rueca. El rubor la hacia mas hermosa; y Febo, para no retardar sus deseos, cobra su verdadera figura y su propio resplandor.
Leucotoe, aunque al principio espantada con un resplandor tan repentino, accedió por último á los deseos de Apolo, dexándose llevar de su hermosura. Se abrasa de zelos Clicie, porque el amor que le habia tenido era vehemente, y deseosa de vengarse de su rival, publica su delito hasta ponerlo en noticia del padre de Leucotoe. Enfurecido Orcamo con esta nueva, manda enterrarla viva, y echar sobre su cuerpo una porcion de arena, sin atender á la desgraciada Leucotoe, que, levantando las manos3 á su amante, juraba que fue violentada. El sol, con la actividad de sus rayos, entreabrió la tierra que te cubria, ó graciosa Ninfa, para que pudieses levantar tu sepultada cabeza; pero en vano, porque ya te habia quitado la vida el peso de la arena. Despues de la desgracia de Faeton, no habia experimentado el sol un dolor mas vehemente. Procuró reanimar con su calor el yerto cadáver de su amada; pero el destino4 hizo inútiles sus esfuerzos. Quejóse, gimió, y rociando con nectar el cuerpo de Leucotoe, y la tierra que la cercaba: „Al menos, dixo, tendré el consuelo de restituirte al ayre.” En efecto, el cuerpo liquidado en un humor oloroso empapó la tierra, la qual, formando raices y rompiendo el túmulo, brotó las varas que producen el incienso.
El amor, que habia sido causa de la indiscrecion de Clicie, hubiera podido disculparla; pero sin embargo, desde aquel dia la miró Apolo con indiferencia, y jamas volvió á tener comercio con ella. Sus desprecios la conduxeron á una terrible desesperacion; y reducida á la situacion mas lamentable, no pudo sufrir la compañía de las ninfas. Expuesta continuamente á la inclemencia de los elementos, desnuda, y el cabello suelto, no probó otro alimento en nueve dias que sus lágrimas y el rocío del cielo.5 Inmóvil en este tiempo, solo volvia al sol los ojos, siguiéndole con ellos mientras duraba su curso. Cuentan que su cuerpo quedó unido á la tierra; que la parte inferior de él apareció de un color cárdeno, y que en lugar del rostro se veia una flor tornasolada con mezcla de violeta. Aunque asida á la tierra por sus raices, no dexa de volverse hácia el sol, mostrándole, á pesar de su transformacion, lo mucho que le ama.6
- Era esta la ocupacion mas comun de este sexô, aun hasta en las Princesas y personas de carácter, y en esta ocupacion fue hallada por Tarquino la casta Lucrecia quando entró á hacerla aquella gran violencia, que fue causa de la pérdida de su reyno. Pero hoy las Señoras se desdeñan de un exercicio tan propio de su sexô, y del qual no se desdeñó nuestra Católica Reyna Doña Isabel, que se alababa de que el Rey Don Fernando su marido nunca se puso camisa que no hubiese sido hilada por sus manos. ↩
- Todas las naciones procuraron arreglarle al curso del sol, y se entiende por año el tiempo que este Planeta gasta en dar una vuelta entera al zodiaco con su movimiento propio de poniente á oriente, con el que adelanta cada dia un grado de los trescientos sesenta de que consta aquel gran círculo. ↩
- Fórmula mitológica del juramento. ↩
- Se entiende el Hado, que era un libro que no podian inmutar los Dioses, y ningun poder tenian contra lo escrito en él. ↩
- Esto probaria que un cuerpo humano podria subsistir sin alimento nueve dias, y quizas era esta la opinion que corria en tiempo de Ovidio. ↩
- En esto describe el Poeta la qualidad de las plantas heleotrópicas, que se vuelven é inclinan siguiendo siempre el curso del sol, y varian su direccion á medida que este planeta va mudando su situacion. ↩