Tomo IV · Libro decimocuarto · Capítulo 153
Fábula VII
LOS COMPAÑEROS DE DIOMEDES CONVERTIDOS EN AVES.
Con esto concluyó Macareo la referencia que hacia á Acheménides, despues de lo cual este, como ya asociado á los troyanos, asistió con ellos á la ceremonia fúnebre de colocar Eneas en una urna de mármol las cenizas de Cayeta, su ama de leche, que murió en aquellas regiones, en cuyo túmulo puso este breve epitafio: Aqui la notoria piedad de Eneas, mi alumno, me honró á mí, Cayeta, y á mi cadaver con el fuego de la pira, despues de haberme sacado del de Troya. Los troyanos soltaron luego los cables, y desenlazando sus naves de la herbosa playa en que las habian tenido amarradas, se alejaron de la peligrosa isla y palacio de la famosa encantadora Circe, y dirigieron su rumbo á saltar en tierra en los bosques en donde el sombrío y niebloso Tíber desemboca en el mar su corriente mezclada con roja arena.
Alli, de resultas de una batalla que tuvo que vencer, se apoderó Eneas del palacio del Rey Latino, hijo de Fauno, y recibió por esposa á su hija.1 Esto dió causa á una cruel guerra con la nacion feroz de los rútulos, por estar aquella prometida por muger á su Rey Turno, que poseido del mayor furor intentaba recobrarla, y que se le cumpliese lo prometido. En esta guerra tomó parte toda la Toscana, aliándose á los latinos y troyanos, y en ella se peleó por largo tiempo con mucho empeño y con vario suceso, andando indecisa la victoria. Cada partido de los dos beligerantes procuraba reforzarse con alianzas y tropas auxiliares, y de los Príncipes y pueblos comarcanos unos seguian á los rútulos, y otros defendian á los troyanos; y Eneas no hizo en balde su viage á solicitar la alianza de Evandio,2 de quien la consiguió. Vénulo fue enviado por Turno á la gran ciudad que habia edificado el prófugo griego Diomedes con la ayuda de Dauno, Rey de la Pulla, con cuya hija casó, y recibió en dote parte del reino. Luego que llegó Vénulo desempeñó el encargo de Turno, y pidió el auxilio; pero Diomedes se excusó diciendo que él no podia empeñar los pueblos y vasallos de su suegro en una guerra que no le interesaba, y que de sus propias tropas no tenia las suficientes para armar y enviar á Turno. „No son estas ficciones ni pretexto de excusa, dijo Diomedes á Vénulo, porque aunque la tristeza se renueve en traer á la memoria sucesos desagradables, será preciso el referirlos. Despues que la ciudad de Troya fue abrasada, y sus muros fueron despojos de las llamas de los griegos, y despues que Ayax, hijo de Oileo, cargó sobre todos nosotros la pena que él solo merecia por el rapto y estupro de Casandra en el templo de Minerva, se vengó esta Diosa en dispersar á todas nuestras naves, y arrebatados de una tempestad que envió contra nosotros, sufrimos todos los griegos rayos, oscuridad, lluvias, la ira del cielo y del mar, y por colmo de todas estas calamidades la de la pérdida que tuvimos, estrellándose la mayor parte de nuestras naves en las rocas de Cafareo.3 Para no detenerme refiriendo por su órden estos tristes sucesos, basta decir que si Príamo los hubiese visto, se hubiera condolido de la Grecia. Á mí y á mi nave nos libertó de ser anegados el cuidado y favor de Minerva; pero de nada me sirvió; pues me fue imposible desembarcar en mi propio reino, alejándome de sus playas Venus en venganza y castigo de la herida que la hice en el sitio de Troya cuando defendia de mí á su hijo Eneas;4 y son tantos los trabajos y peligros que padecí y en que me ví, tanto en los mares como en batallas terrestres, que muchas veces llamé dichosos y envidié la suerte de aquellos á quienes la tempestad y las rocas de Cafareo sumergieron en las aguas, y querria haber sido uno de ellos. Mis compañeros llegaron á desfallecer despues de haber padecido los últimos trabajos por mar y tierra, y me suplicaron que pusiese fin á mi errante viage. Pero Acmon, que era de ingenio vehemente, y estaba endurecido con las calamidades y trabajos, les dijo: „Esforzados varones, ¿qué es lo que ya puede sucedernos peor y mas grave que lo que nos ha acaecido hasta aqui, y que vuestra paciencia pueda rehusar el tolerarlo? ¿Le queda á Venus (aunque quiera) alguna cosa mas y peor que hacer contra nosotros? Cuando se temen cosas peores son del caso los ruegos para evitarlas; pero cuando los males han llegado al último estado, ya se les pierde el temor, y su misma gravedad influye ánimo y seguridad. Aunque la misma Venus nos esté oyendo; aunque, como lo hace, tenga un odio cruel á todos los que somos gobernados por Diomedes, debemos todos despreciar su odio, y no acobardarnos, sino luchar contra él con todas nuestras fuerzas.” Con este razonamiento provocó mas Acmon á Venus, y avivó en ella la antigua ira, que ya estaba algo apaciguada. Muchos aprobaron su discurso y resolucion; pero otros en mayor número, aunque amigos suyos, la desaprobamos, y le reprendimos por ella. Disponíase á responder y replicar á los que le reprendian; pero se le adelgazó y extenuó la voz, y se le contrajo y estrechó la garganta:5 sus cabellos se convirtieron en plumas, y tambien se llenaron y cubrieron de ellas su nuevo y estrecho cuello, su pecho y espaldas. Sus brazos se encorvaron y se hicieron alas; una gran parte de los pies se distribuye en largos y delgados dedos, y el rostro se endurece en pico y finaliza en punta. Mientras Lico, Idas, Retenor, Abas y Nicteo se maravillan de una transformacion tan extraña, se convierten en aves semejantes, y la mayor parte del escuadron toma vuelo, y se pone á volar al rededor de nuestra nave. Si me preguntas ahora cuál sea la forma de estas dudosas aves, te diré que aunque no son cisnes, son muy parecidas á estos por su blancura. En fin despues de tantas desgracias llegué con mucho trabajo y con la mínima parte de los mios á los estados de Dauno, quien me recibió favorablemente, y me dio á su hija en casamiento.”
Con esto puso Diomedes fin á su razonamiento, y despidió á Vénulo, el cual al retirarse de los estados de aquel, pasando por los campos Mesapios y senos Peucesios, que están en la Pulla, vió en ellos unas cuevas entre una espesa y una oscura selva, y que en su interior destilaban menudas gotas de agua, las cuales eran habitacion del Dios Pan, y antes lo habian sido de algunas Ninfas. Un pastor de la Pulla las espantó é hizo huir de alli, llenándolas de un súbito terror; pero aunque al principio se dejaron poseer de él, despues se recuperaron poco á poco, hicieron burla y desprecio del pastor que las seguia, dejaron la fuga, y se pusieron á bailar. El pastor, viéndolo, las llenó de improperios, y remedándolas agrestemente en el baile, añadió á esto groseras injurias y palabras desvergonzadas y obscenas, y no dejó de insultarlas hasta que su garganta se endureció y escondió en el tronco de un árbol en que se iba transformando, que fue el olivo silvestre ó acebuche, cuyo jugo y el de sus amargas aceitunas dan indicio de la mordacidad del pastor, y son una nota de su atrevida lengua, porque la aspereza de sus palabras se traspasó al fruto del tal árbol.6
- Lavinia. ↩
- Fue Rey de Arcadia, que despojado de su reino vino á Italia, y se estableció en el pais de los Aborígenes. ↩
- Fue un promontorio de la region Eubea, en el que Nauplio, padre de Palamedes, por un engaño y ardid hizo zozobrar á algunas naves de Ulises en venganza de la calumnia con que este acusó á su hijo, y fue causa de su muerte. ↩
- Habla Diomedes del combate que tuvo con Eneas, en el que hirió á Venus, que concurrió á defender á aquel. ↩
- Hasta los gentiles conocieron la gravedad de la blasfemia, y comentaron para ella extraordinarias penas, que aterrorizasen á los blasfemos. ↩
- Esta transformacion indica lo dificil que es el desprenderse de la índole y propiedades que ya han llegado á ser hábito robusto, pues se conservan en el hombre, aunque mude de estado y fortuna. ↩