Tomo III · Libro octavo · Capítulo 95
Fábula II
TESEO MATA AL MINOTAURO.
Minos luego que desembarcó en Creta hizo á Júpiter el sacrificio de cien toros que le tenia ofrecido, y colgó en su palacio los despojos y trofeos1 de su victoria. Entre tanto crecia de dia en dia el Minotauro, monstruo de dos formas, y oprobio de la casa de este Príncipe. Era fruto del loco amor de Pasifae. Minos determinó tener oculta esta afrenta de su casa, encerrándole en el laberinto que edificó Dédalo, famoso arquitecto, con unas calles intrincadas, en que se perdia el tino con sus vueltas y revueltas.2
No de otra manera que el precipitado Meandro gira en los campos de Frigia, y fluye y refluye con retorcida corriente,3 y saliéndose á sí mismo al encuentro como si quisiera ver correr sus aguas caudalosas, unas veces se vuelve hácia su nacimiento, y otras hácia el mar, sin que se pueda formar idea de su incierto curso; asi Dédalo habia intrincado el laberinto con tantas calles que se cruzaban y volvian á encontrar unas en otras, que apenas pudo él mismo hallar la salida. ¡Tan enmarañada como esto estaba aquella morada! En este laberinto pues fue donde se encerró el Minotauro; este monstruo se habia saciado dos veces con la sangre de los jóvenes y doncellas que los atenienses pagaban en tributo cada nueve años; pero le domó uno de los que salieron en el tercer sorteo, que fue Teseo, el cual con un hilo que ató á la entrada del laberinto, y que al efecto le habia dado Ariadna, hija de Minos, salió de él felizmente despues de haber muerto al Minotauro, y se llevó robada á la Princesa á la isla de Naxos, en donde desentendido de cuanto la debia, tuvo la crueldad de dejarla abandonada. Viéndola en esta triste situacion, y compadecido Baco de su suerte y de sus quejas, la dió sus brazos, la consoló, y la ayudó. Con la idea de hacer inmortal la memoria de una Princesa tan amable, este Dios la quitó de la frente la corona que la adornaba, y la tiró y colocó en el cielo. Cuando volaba por los aires las piedras de la corona se convirtieron en estrellas, y en una constelacion que conserva la especie y figura de una corona, y se halla en medio de la que se llama Dragon.
- El trofeo era un tronco que se fijaba en el sitio donde el egército enemigo empezaba á volver la espalda, y en él se colgaban las armas y despojos que se habian tomado; y de este principio se originó el trasladar y colocar los trofeos en los escudos heráldicos. ↩
- El Minotauro encerrado en el laberinto, y retirado de la vista del público, es símbolo y geroglífico del sigilo, principalmente en las materias de Estado; y el sigiloso senado de Roma le tomó por empresa, y le colocó en las banderas de sus egércitos con esta inscripcion: S. P. Q. R. ↩
- Del rio Meandro se dice que es tan tortuoso en los giros, vueltas y remolinos de sus aguas, que no puede discernirse hácia qué parte corre; y este rio es símbolo y geroglífico de los doctores y escritores oscuros y confusos, que no es fácil comprender qué es lo que dicen. ↩